COLUMNA
“No hay peor enemigo que el que fue amigo.” — José Martí
Tengo una idea rondándome con acoso, pero implica la lectura de uno de los libros más grandes de Tolstói: Guerra y paz. Todo porque habla de una dicotomía: la revolución moralista y la revolución técnica que ejecutó León Trotsky, según el libro de Curzio Malaparte Técnicas de golpe de Estado. Pero para dar un punto de vista entendido y razonado me llevará tiempo, sin comprender mucho.
Para iniciar la exploración: la revolución tiene que ser violenta y fundamentada en una ideología para lograr la transformación, así como ocurrió la de Octubre de 1917. Y si ocurre como la moralización —entiendo a Tolstói—, pero es también a la mexicana, pues no ocurrió para cambiar el rumbo del país: fue más un cambio de personajes y dinámicas, como ya en otros momentos lo hemos expresado en este espacio o en el Cuaderno a Doble Raya.
Pero al menos ya compartí este acoso, que espero me ayuden.
****
En la semana, también Julio Scherer dio una entrevista a Denisse Maerker. No sale mucho de lo declarado, pero al menos hay un momento digno de recordarse y que sirva para después. Denisse le dice que él habla mucho de que el poder cambia a los hombres; que le diga qué le hizo el poder a él.
Después de unos largos segundos de silencio, le dice —palabras más, palabras menos— que aborrece que no se hicieran las cosas como se debía, debido a esta situación de la lealtad sobre la capacidad. Pero también Julito le dice que decidieron, que ellos nombraron y ejecutaron muchas decisiones de estar trascendentales, lo que confirma que los encargos presidenciales eran de una confianza brutal.
También se habla de una crítica en los bandos de quienes ocuparon la disputa interna entre el pragmatismo político —al que pertenecía él— y el de la izquierda de las luchas, el que busca la transformación real y no el mero maquillaje.
****
El libro de Grandeza de López Obrador tiene algunos detalles cuestionables, pues juzga a Darwin en el tiempo, sin comprender que en su momento fue revolucionario y cuestionada su aportación —quizás con un rasgo de racismo, pero es parte del tiempo, del contexto—.
El postulado político y su interpretación de la caída del Imperio Mexica me parece de lo más valioso que he leído, pues es también una conjura contra los imperialismos actuales: el norteamericano que se radicaliza pero que también tira línea a los sureños. Los tiempos de la paz están en riesgo, y no es exageración para nadie: Trump quiere darle vida al imperio.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
Voy a la mitad del camino de Grandeza. Alta literatura, dirán algunos. Pero seguirá Fouché, el genio tenebroso de Stefan Zweig, que le entraré después de algunos meses que me lo recomendaron.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“Los enemigos sí son de verdad; amigos de mentiras, enemigos de verdad. ¿Con quién hay que confiar ? Con el pueblo, solo el pueblo puede salvar al pueblo. Ustedes saben que suele pasar que en política los amigos son de mentiras o las lealtades famosas. Las lealtades que valen son las lealtades a las ideas, a los principios, a las causas que se defienden, a eso hay que ser leales.” Andrés Manuel López Obrador
El domingo pasado leía el adelanto que publicó Proceso sobre el libro de Julio Scherer Ibarra con Fernández Menéndez, Ni Venganza, Ni Perdón, el texto es una entrevista que realiza para colocar bastantes narrativas que la derecha ha impulsado para calificar al gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador y el de la actual mandataria Claudia Sheinbaum, la clasificación es de Libelo, porque se dedica a denostar a varios de los integrantes del circulo más cercano en la administración pasada, se le ha dedicado bastantes análisis, y en gran medida la conversación gira sobre lo que se dice de las calificaciones al presidente, que no entiende de economía, que no entiende proceso jurídicos, que esto ultimo es una realidad, pues los abusos del consejero jurídico no hubiesen ocurrido si los comprendiera AMLO, y de eso habla Hernan Gomez en Traición en Palacio, donde delinea el modus operandi de Julio Scherer y hay otro Licencia para Robar, documentado del desfalco a Segalmex, la mancha del sexenio anterior dicho por el propio ex presidente. Ahí también aparece el nombre de Julio, pero ya veremos en que acaba este delirio, que de poco sirve, pues el hijo es actualmente diputado federal, el negocio político, en los tiempos de la izquierda gobernante.
****
Pero me gustaría esta semana hablar un poco de cosas interesantes, que me han tenido ocupado, desde el inicio del año. Termine de leer Técnicas de Golpe de Estado de Curzio Malaparte es un libro interesante, porque si bien polemiza, describe el gran trabajo realizado por Leon Trotsky para el triunfo de la revolución de 1917, pues opero la maquinaria que capturo al estado, pero también aprovecho la lectura del momento, con convicción ideológica, la misma que se le volcara con el triunfo interno de Stalin. Que seria mejor leer Stalin de Leon Trosky, la revolución permanente, o a Gramsci que la distracción de lecturas que son chismes, no digo que no lo buscare pero hay cosas más interesantes.
****
Que paso con lo de Venezuela, actualmente la presidenta en funciones Delcy Rodríguez ha concedido y cedido terreno político y narrativo al imperialismo yanqui, tanto que presionan a Cuba, que desde hace 60 años la a tratado de aniquilar con bloqueos, con aranceles para aniquilar la manera de boicot en las lógicas del capital mundial, pero habrá que aprender que la izquierda solo puede sobrevivir en conjunto en alianzas y en este momento podría darse una nueva, no la defensa individual como la que pretende Sheinbaum y Petro de manera exitosa pero con una mirada corta.
Al ultimo y por último pero nunca, nunca menos importante…
Grandeza es el libro más reciente de López Obrador, lo estaré empezando, espero contarles, aunque los invito a leer Fouche de Stefan, el ya mencionado de Trosky o algo ligero –“El diablo se llama trosky” hay mucho que revisar para comentar.
Por lo pronto.
Sean Rabiosamente felices…
Hasta Pronto,
Alan Jiménez
“Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.” —Friedrich Schiller
Dicen que el narcotráfico y la narcopolítica en México son altamente preocupantes; que Adán Augusto es solapado por la presidenta Sheinbaum y que esa complicidad demuestra que Trump tiene razón y debe invadirnos. Esos son los análisis baratos que he escuchado, y al parecer algunos bienaventurados los han escrito.
*****
Yo creo que el tema de “la barredora” no está siendo juzgado en este momento —también creo que debe detenerse y juzgarse hasta las últimas consecuencias, no como en los viejos tiempos, sino realmente—, porque eso también es una realidad que ha salido a la luz. Se ha abordado el tema del alcalde de Tequila, Jalisco, y la red criminal que sostenía en su región; pero como él, han sido al menos 25 presidentes municipales, de todos colores y sabores.
El crimen ha carcomido la vida pública, y de ello hay variedad de lecturas y análisis bien fundamentados. Pero querer mezclar estas cosas con un llamado a la intervención es más un propósito burdo que serio.
****
Yo creo que la salida de Adán de la coordinación del Senado obedece, en parte, a una salida decorosa por “la barredora”, pero también a las pifias políticas y a la resistencia frente a la presidenta: no ha dejado operar sin fricción, todo lo detiene como si fuera opositor, descafeína aún más las propuestas hasta decir basta.
Como Ricardo Monreal, que se ha vuelto indefendible en sus posiciones: no hay matiz, no hay mediación. Por eso se va uno, y se va a operar desde las sombras, donde difícilmente podremos calcular el daño realizado al interior, pues apenas sabremos qué hará y cómo operará una circunscripción clave, al concentrar dos de los padrones más grandes del país.
El mal no se anuncia: aletarga.
****
Hablando de criminalidad y nota roja, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, fue primera plana en algunos medios por haber invitado a un “pacto de silencio”. Y, por supuesto, los medios se ofendieron por sugerir esa coordinación.
Lo grave del error no fue el diálogo, sino no haberlo pactado en lo oscurito, como aquella Iniciativa México de 2011 con Felipe Calderón. Brugada salió a decir lo contrario: que era un diálogo abierto y plural, necesario y urgente. Ni negociación secreta ni linchamiento mediático. Claridad, no más. Eso es lo mínimo exigible a los medios de comunicación.
****
Pero los errores también están en la Corte, que no es austera: camionetas de tres millones y un ministro presidente muy de pueblos originarios, muy de tradiciones, pero también de las viejas prácticas priistas —de esas donde todo se hace por uno—. Gestos pequeños, pero simbólicos, que prometieron desterrar. Congruencia entre dichos y hechos: basta comparar lo escrito en Twitter con lo visto en los videos.
Una Corte que dice transformar la vida pública, pero que sigue beneficiando a una minoría.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
Lo mejor del Superdomingo fue el medio tiempo. El Conejo Malo ofreció una presentación profundamente latina, para las Américas, de esas que hoy vuelven a ser objeto de cacería. Música tropical como resistencia cultural.
Sean rabiosamente felices.
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“Si Hitler invadiera el infierno, al menos yo haría una defensa del diablo en la Cámara de los Comunes.” —Winston Churchill
Claudia Sheinbaum tiene un dilema complicado, tanto que se dejó de enviar petróleo a Cuba; tanto si se habló o no, los hechos son esos. La presidenta está ante el dilema de seguir sosteniendo la no subordinación o tolerar los atropellos de Trump.
Aquí, hace una semana, decíamos que es importante cambiar la dinámica impuesta hasta ahora en la navegación exterior, pues si seguimos permitiendo que Trump nos haga —o nos deje de hacer—, será un problema mayúsculo: estaremos por completo a expensas de las bondades de la colonia en la que podríamos convertirnos frente a Norteamérica. Se sigue tratando con miedo, con temor, la refundación geopolítica que le está tocando enfrentar a la primera mujer presidenta, una decisión complicadísima. Pero en estos momentos de terror es cuando verdaderamente se definen quiénes son los grandes hombres y mujeres que cambian a las naciones y al mundo frente a nuestro bravucón.
Hoy hay que leer con mucha atención a autores del pasado; ellos dan contexto y pistas sobre por dónde puede ir la locura actual. Leer, por ejemplo, a John Reed y Los diez días que estremecieron al mundo permite una lectura cronológica de aquellos días; leer a Curzio Malaparte ayuda a entender, más o menos, la conceptualización de lo ocurrido hace un mes en Venezuela; leer a Gramsci es comprender que los sistemas se resisten a cambiar del todo y que aún no termina de nacer el “aborigen” norteamericano que permanecía en lo profundo.
Hablar de geopolítica es interesante, pero siempre me ha parecido algo lejano y aún más difícil de modificar. Un político digno de admiración es Winston Churchill, quien más que teorizar o interpretar, actuaba. Eso es lo que se debe hacer, y Claudia Sheinbaum puede ejecutarlo: es una mujer hábil, práctica y muy lúcida, y sobre todo cuenta con un respaldo popular indiscutible, como ya lo ha comprobado.
¿Qué detiene a Claudia?
Es una pregunta seria, honesta y sensata. ¿Qué le ocurre a la presidenta para no actuar, si es razonable asumir que no habrá diálogo ni atención civilizada? No hay despliegue posible con quien busca el control, con quien pretende subordinarlo todo para el bienestar de un pequeño club de blancos: un reducido grupo que crea invenciones delirantes, pero que asume como reales, y que incluso impulsa libros alineados con esa narrativa —como Golpe de Estado Invisible—, promovidos por el propio Trump y colocados como número uno en ventas en Amazon y The New York Times.
En lo interno, ya lo ha hecho —o lo comienza a hacer— al desplazar a Adán Augusto; habrá que esperar cuál será el destierro dorado del tabasqueño. Pero si al interior ya existe firmeza, al exterior y en la comunión mexicana esta debería ser inmediata y validada.
Al último y por último, pero nunca, nunca menos importante…
Diría un columnista de la prensa nacional: serpientes y escaleras caen y suben estas semanas. Lo importante es que hay vida en Palacio y comienza a reaccionar; la serenidad y la paciencia se disipan en tiempos que son estelares y que exigen acción.
Sean rabiosamente felices.
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“Era el último brindis, de un bohemio con una reina.”
– José Alfredo Jiménez
Hace tiempo me recomendaron ver Separación, una serie de Apple TV. La terminé de ver y fue muy distinta a como me la contaron. Me recordó, por momentos, a 1984 de George Orwell, sobre todo por el final; aunque es otra cosa.
No porque ante la opresión, la vigilancia y el control se opte por el retorno, sino porque aquí coexiste un amor distinto: el de la vida exterior y el de la vida interior, la existencia bifurcada de un sujeto. Una historia con matices que vale la pena ver, aunque sea para distraer un poco la mente de esta locura colectiva que hoy impulsa Donald Trump.
****
Hace diez años, Trump irrumpía en la política norteamericana. Los medios intentaban matizarlo, minimizarlo, convencidos de que su llegada a la Casa Blanca era inviable mientras se centraban en la posibilidad histórica de Hillary Clinton. No llegó ese momento.
En cambio, llegaron las locuras del emperador norteamericano: un sujeto con deslizamientos constantes hacia la oscuridad. En los últimos días lo hemos visto con claridad: la separación no es solo una serie, es una condición mental del ocupante de la Casa Blanca.
Nos gana el impulso de que la realidad se ajuste a los deseos y elucubraciones de un solo hombre, animadas por intereses particulares. No solo opositores latinoamericanos: también hombres poderosos de América Latina y Europa se someten, dejando que la locura marque el ritmo.
Venimos de ahí, de un mundo que arrasa a su paso y al que nadie se opone con una alternativa clara. Ni siquiera la izquierda de la 4T, que tiene una oportunidad invaluable en este reacomodo de las cartas, y prefiere seguir bajo la tutela de los gringos. Se habla del sur global y de América Latina, pero se insiste en la inercia.
****
Nada se puede hacer con oportunidades perdidas.
El contexto invita a pensar que este país puede ser otro, como en aquel momento histórico de Lázaro Cárdenas y la expropiación petrolera de 1938, cuando una coyuntura global adversa abrió la posibilidad de una decisión soberana.
De muy poco sirve dominar, controlar y ambicionar cuando los errores —por el clima o por cualquier otra circunstancia— pueden dejarte fuera de la jugada, como a los Broncos frente a Nueva Inglaterra.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
Diría José Alfredo: “Le diré a la gente que no nos conocimos y escogeré el peor de los caminos”. Hubiese cumplido 100 años el hijo del pueblo; se fue pronto, pero aún seguimos cantando copa tras copa sus canciones.
Que, si no son las series, que sea el licor quien cure estas heridas continuas y delirantes del mundo.
No sean rabiosamente felices...
Que, si no son las series, sea el licor quien cure estas heridas continuas y delirantes del mundo.
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“La batalla política es, antes que nada, una batalla por el relato.”
—Atribuida a Walter Lippmann
Reviso con regularidad los jueves el programa de Sabina Berman en Canal Once, casi siempre después, en YouTube. El promocional de Eduardo Verástegui no me interesó; las voces ultras están lejos de mis prioridades. Pero, fiel a mi estilo contracorriente, terminé viéndolo cuando supe que la entrevista no sería transmitida ni por Canal 11 ni por Canal 14.
La decisión fue tomada por Lenin Martell, defensor de las audiencias, quien optó por bajar el programa bajo el argumento de que violentaba los derechos de comunidades. Así lo explicó días después en entrevista con Julio Astillero: un posicionamiento breve, flojo y elusivo, con notable habilidad para esquivar preguntas concretas.
El efecto fue inmediato y previsible. La censura le otorgó a Verástegui aquello que no había conseguido por mérito propio: visibilidad, centralidad y la narrativa del perseguido. Un medio público que presume pluralidad terminó haciendo exactamente lo contrario: no exhibió al personaje, se exhibió a sí mismo.
Este tipo de decisiones no son aisladas. Responden a errores tácticos recurrentes de una izquierda que, en algunas de sus versiones, confunde el cuidado de las audiencias con el control del discurso. Se anuncia el desmantelamiento de viejas estructuras represivas y, días después, se normalizan cercos y contenciones. Se habla de conciencia colectiva, pero rara vez se aclara quién la define.
En la entrevista, el lenguaje y las ideas de Verástegui revelan a un personaje anclado en un mundo en retirada. Un “abuelo” político que representa valores que intentan extinguirse, pero que aún movilizan resistencias profundas. Precisamente por eso, esas ideas no deben ser suprimidas, sino confrontadas en el espacio público, con preguntas claras y sin concesiones. De otro modo, no hay debate: hay victimización rentable.
Mientras aquí se regalan narrativas por omisión, la derecha opera con mayor precisión fuera del país. Esa misma semana, Corina Machado viajó a la Casa Blanca para entregar el Premio Nobel de la Paz a Donald Trump, el mismo que días antes había cuestionado su legitimidad política. El episodio deja al descubierto el desgaste del relato mediático dominante y la fragilidad de sus certezas.
Quizá, cuando bajen las aguas y se disipe el delirio inicial, descubramos —una vez más— que el relato no coincidía con los hechos y que los intereses estaban a la vista desde el principio.
Al Último y Por Último pero nunca, nunca menos importante…
Como telón de fondo de estos días convulsos, vuelvo a Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed. Diez días bastan para ordenar o desordenar la historia. Y, como siempre, todo empieza por quién logra imponer el relato.
Sean rabiosamente felices.
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“La historia no se repite, pero rima.” —Atribuida a Mark Twain
El año perdió la felicidad pronto. Donald Trump se encargó de aniquilar las buenas intenciones al intervenir militarmente en Venezuela, secuestrando a su presidente y llevándolo ante una justicia norteamericana que no es referente —la misma que llevó a juicio y declaró culpable a Trump, quien hoy ejerce el cargo—.
Que Nicolás Maduro esté preso es la moneda de cambio para doblegar a su gobierno y lograr que éste conceda todo lo que desee y necesite el imperio norteamericano.
Delcy Rodríguez, la vicepresidenta que asumirá el cargo hasta la liberación del presidente, ha dicho que su papel será ir concediendo mecanismos para que las transnacionales puedan invertir sin “sufrir” nacionalizaciones. Los regímenes políticos que se atreven a pensar en sus poblaciones por encima de los negocios están siendo sometidos: no sólo con la cárcel para Maduro, sino con la amenaza explícita de eliminar a quien se oponga y no obedezca.
Si Delcy y el gobierno lo hacen —como hasta ahora—, no intervendrá “más”.
Estamos viendo, a la distancia, una fase de la doctrina del shock en América Latina: cambiar por la fuerza el sistema y la lógica de la revolución bolivariana. Algo que el finado Hugo Chávez ya advertía en 2006, cuando fue acusado de lo mismo que hoy se le imputa a Maduro —“narcotraficante”—, acusación que no prosperó porque nunca hubo pruebas.
Aprendiendo de esa lección, en México estamos en una tesitura similar: culpar al gobierno —desde la administración pasada— de vínculos y de incapacidad, ocultando que lo que se busca es modificar procesos soberanos para que caminen hacia otra cosa.
Y esa otra cosa no es socialista ni mucho menos comunista. Esas utopías están hoy fuera de la realidad. Lo deseable sería aproximarnos a ellas; lo real es el intento de reordenar el poder.
****
A lo largo de la semana he escuchado opiniones a favor y en contra. Algunas sostienen que “era necesario y se habían tardado”; otras dicen que Trump fue injusto y envidioso por el Nobel. Puede ser. Es un hombre que pasa de la risa al cinismo sin transición.
Esta semana se reunirá con María Corina Machado y espera que sea ella quien le entregue el premio, “porque ha resuelto ocho guerras”, etcétera. Es un delirio peligroso.
No es un desquiciado inofensivo: es un poder sin control.
Aun así, se habla de una “intervención acertada”, bajo otros signos y palabras. El fondo de esas posturas es el amor por la tutela imperial.
Las otras posturas —las más sensatas, y desde donde coincido— sostienen que la intervención es grave y que la declaración de guerra debió ser condenada por la ONU y la comunidad internacional. Para eso existen esas instancias: para evitar que la historia vuelva a rimar. Pero no ocurrió.
Debe apoyarse la determinación de los venezolanos que permanecen en su país y han respaldado a su gobierno en las calles, como también ha ocurrido en México, España, Francia, Italia y Suecia. Eso no debería ser un debate, sino un acto mínimo de sensatez colectiva.
Ya hubo un intento de golpe de Estado en 2019 con Juan Guaidó, y fracasó. La población —nos guste o no— eligió esa vía. Asfixiante, difícil, pero no se rindió. Debe prevalecer.
****
Iván Cepeda, candidato a la presidencia de Colombia —cuya victoria parece probable—, plantea una posible alianza regional con Brasil y México: gobiernos progresistas capaces de hacer frente a esta avanzada. Al menos dos están —estamos— bajo presión para que hagan “algo con nosotros”.
La tendencia es clara: derecha o izquierda. No hay términos medios cómodos. Somos o no somos. Y debemos ser.
****
No es un fenómeno aislado.
En una entrevista a Gema Kloppe-Santamaría, publicada este mes en Proceso, se habla del centenario de la Guerra Cristera y de los embates de la ultraderecha contra el gobierno de Claudia Sheinbaum, intentando revalorizar a los “únicos héroes y mártires” que murieron por la fe y el fanatismo hace cien años.
La efímera calidez inicial es una señal: hay que afianzar qué somos, qué queremos y de qué lado estamos.
Sean rabiosamente felices...
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“La velocidad es la forma más antigua de desigualdad.” — Paul Virilio
A mi abuela, que nos dejó un día como hoy, con aprecio siempre.
La Ciudad de México es egocéntrica. Todo tiene que girar alrededor de ella; si no, no se está a gusto, haciendo vanagloria de ello. Hace unos días tuvo lugar un accidente automovilístico en Calzada de Tlalpan, a la altura de la estación Nativitas de la Línea 2 del Metro. Un joven de 15 años volcó una camioneta Lobo, al parecer tras perder el control al impactar una de las delimitaciones de la ciclovía —esa que es gramsciana, pues no acaba de nacer—.
Esos son los hechos.
En la red X me llamó la atención cómo diferentes cuentas decían que era “culpa de las macetas de Clara Brugada”, que era “la ciclovía más mortal del mundo”, que “este accidente confirma que es un despropósito”. Esas son las versiones negativas, por decirlo de alguna manera.
****
Pero hay otra versión. Una más al sur, en la incorporación de Miguel Ángel de Quevedo con Calzada de Tlalpan. Las cuentas de ciclistas y el proyecto explican que estas “macetas” se plantean colocar en el desnivel de la incorporación porque representa un peligro por los vehículos que exceden los límites de velocidad y podrían cobrar vidas de ciclistas; lo cual es obvio y, siguiendo la pirámide de vulnerabilidad, debería atenderse por el gobierno de la ciudad.
Pero aquí hay algo maravilloso: postearon un video de algún proyecto donde el paso era exclusivo para ciclistas; tenía estacionamientos y áreas verdes. Una utopía preciosa si pensamos en la ecología y en los medios de transporte con cero emisiones contaminantes.
****
Estas dos posturas me llevan a pensar que nos aferramos continuamente a verlo todo negativo. Y esta Criticona no vende tan caras las piñas, porque recibí una crítica fuerte: que parecía “un muro de lamentos predecibles”. Como uno de los propósitos es siempre mejorar, intentaré voltear eso. Pero, más allá, me parece interesante la polarización.
Una postura pensada desde el privilegio de conducir un vehículo que te da ventajas de movilidad: buscarás siempre la comodidad del viaje y la accesibilidad para ellos; o también quien aspira a tener uno y desea esas comodidades urbanas sin conciencia.
Podría —y creo que con el ejemplo— desequilibrar la interpretación: un vehículo conducido por un menor, a exceso de velocidad, es una irresponsabilidad y una imprudencia que le costó la vida al menor.
Pensar en una ciclovía mejor, creo, es posible. También creo que es un mecanismo que podría abrir la puerta a que la sociedad progrese desde una movilidad sustentable. Tengo como propósito explorar transitar en bicicleta por la ciudad, y esa ciclovía puede ser el pretexto perfecto. Claro, debe tener consecuencias; pero si pensamos en incentivar la movilidad sustentable, es maravilloso para reducir los gases contaminantes, como lo es el transporte de la ciudad —con sus asegunes y limitaciones, pero con medios para ir de norte a sur en Metrobús o Metro—. Ahora será una ciclovía.
****
El viernes, en el diario Reforma, el escritor Juan Villoro publicó su columna semanal, titulada “Ciudad al límite”. Habla sobre la postura y la resistencia de algunos campesinos de Milpa Alta para que no se lleve a cabo la construcción de la Línea 12 del Cablebús. El problema sería la especulación inmobiliaria que traería consigo una iniciativa que, si bien conecta la periferia y reduce tiempos, también implicaría abandonar el campo y permitir que la ciudad crezca de manera desproporcionada, dejando aún menos espacios naturales.
Escuchaba a algunos decir que no entendían por qué “la izquierda” estaba en una postura así. En estos tiempos de transformación, hemos tratado de acomodar una versión única y omnipresente de lo que es ser “de izquierda”. En fin, es un reto importante para la administración local, y que demuestre una esencia diferente desde la óptica de Clara Brugada.
****
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
El año no inicia de manera tranquila, muestra indudable que las renovaciones no son mágicas, tan demostrado es la postura coherente desde la capital del país, el gobierno federal y hasta el expresidente Andrés Manuel López Obrador hicieron una declaración honesta y coherente ante los hechos ocurridos en el golpe de Estado fugaz realizado por la administración Trump. Lo que es evidente es que van por el petróleo, que habrá mucho dinero en ese negocio, y no podemos estar del lado de quien cree, desde una superioridad autoimpuesta, que puede realizar esos actos terribles; aún más cuando Trump menciona que no cederá el poder a los “triunfadores” Edmundo González y María Corina Machado, y al mismo tiempo se habla del certificado mayor de premiación de la paz.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida?” Albert Einstein
Decía Armando Bartra que no se fuera más papista que el Papa, que la ley de aguas era lo que era porque no se podía más. Que un hombre de izquierda, y hasta cierto punto radical, lo diga, dice mucho.
Pero difiero de esa postura.
****
La ley de aguas que proponía el colectivo Agua para Todos era sencilla: acabar con la figura mercantil del recurso. Dirían que eso ya lo quitaron, que se garantiza el derecho humano al agua. Sí, pero es un derecho humano mercantilizado: quienes tengan concesiones seguirán usándolas y vendiendo, con mayores controles.
A diferencia de lo que existía —un disfraz de intenciones donde algunos decían que era para riego agrícola y resultaba que vendían a camiones cisterna—, lo que se aprobó fue la regularización de ese mercado.
****
Es decir: el agua es una mercancía que se venderá y administrará bajo lógicas mercantiles antes de ser un derecho humano.
Los abogados dirían que es una antinomia: una contradicción entre ambas leyes. El mercado y la gente estarán en disputa permanente, solo que ahora se regulará lo que se permite. Es decir: una reforma para el capitalismo de cuates, donde sólo la minoría rapaz de siempre se beneficia.
****
Por eso no comparto la visión de Armando cuando dice que no seamos monjes. El problema no es el exceso de celo, sino el defecto de consecuencia. Si la ley cae en una antinomia —derecho humano versus mercancía—, entonces la consigna “del pueblo y para el pueblo” deja de ser un horizonte y se convierte en la coartada perfecta para el capitalismo de cuates.
En estas Criticonas, de manera abundante, hemos señalado la tragedia real del agua. La esperanza era una ley del agua de izquierda y de avanzada. No dieron más que una como en los tiempos peñistas.
****
Pero el tema del agua no es cuestión mexicana. Femsa en Colombia también tiene ventajosas armas para sortear el peso de la ley: a pesar de que taparon siete manantiales con concreto —y estos se encuentran en niveles bajos—, pagan por la concesión 11 millones de pesos anuales. Y esto se hace público sólo porque la gente fue racionada al consumo.
Lo que sí es una constante es ese dicho: “Tú no te acuerdas de Santa Bárbara sino cuando truena”. Sobre todo en temas de agua.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
Nos veremos de nueva cuenta en un año. He aprendido y he tenido el privilegio de ver un avance significativo en esto que hago. No me gustaría continuar sin darles las gracias a los cinco lectores. Que tengan una feliz Navidad y un próspero año nuevo 2026.
Sean rabiosamente felices… se lo merecen.
Hasta el 2026,
Alan Jiménez
“El poder absoluto corrompe absolutamente.” – Lord Acton
En México, los tiempos de guardar se esfuman. Ya lo dirían en el afrancesado porfiriato: tu-les à chaud. La brevedad en estos tiempos de redención patriótica es curiosa; más curiosa aún es la falta histórica de aseo en la forma en que se hacen las cosas.
****
Para un sector, Ernestina Godoy está perfecta. Así no habrá desconfianza ni falta de coordinación: se debe a la Presidenta, su lealtad no es un obstáculo, es una "área de oportunidad."
¿Que sean del mismo equipo es un retroceso?
Pero, con honestidad, ¿realmente así fue?
Alejandro Gertz Manero no fue independiente.
Ernestina Godoy tampoco lo será.
Que sea un hombre o una mujer, honesta e independiente del poder político y económico, es ser un utopista de grandes ligas. No hay alguien con esas características. Así que, en efecto, olvidemos que llegará un fiscal así. Lo que llega —o regresa— es que la titular tome la agenda del gobernante en turno y trabaje en esa línea para obtener resultados políticos.
****
Entonces, si dejamos de creer en los sueños posibles, la realidad imposible es ésta: estamos caminando hacia una deformación de la ciudadanía crítica y consciente. Una ciudadanía a la que ya se le considera no apta para distinguir lo que corresponde a cada individuo de la vida pública, y en quien todo recae en la figura presidencial.
Eso es retomar las viejas características del pasado. Pues los jueces independientes —los jueces de izquierda— deben trabajar para la impartición de la justicia. Ahí están los nuevos ministros.
¿Por qué una fiscal independiente no puede existir?
Obviamente, todo está sometido a una figura omnipresente: la Presidencia de la República. Pero Morena se deshace en darle más poder al poder, olvidando que la derecha puede retornar en cualquier momento.
****
Ernestina Godoy: la fiscal exprés. La fiscal que regresará a los tiempos de Procuraduría Federal de la República para hacer de este país, otra vez, un país presidencialista.
¿Por qué es mejor?
Porque no se debió modificar el poder desmedido.
Porque es mejor la obediencia sin pesos ni contrapesos.
Morena olvida lo que debería saber mejor que nadie: todo poder concentrado que hoy se justifica como 'herramienta para el pueblo', mañana será el arma perfecta en manos del adversario. No se trata de confiar en las personas —Godoy, Gertz—, sino de desconfiar del diseño que las vuelve indispensables. El presidencialismo no es un método; es una adicción. Y esta izquierda, que llegó prometiendo curarla, se ha vuelto su principal consumidora.
Creo que a la izquierda le falta horizonte, balance y crítica. Cae en el canto de las sirenas de sus propios excesos.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
Así que como en los tiempos porfiristas matemos en caliente la refundación de la patria, y como en los tiempos salinistas vendamos hasta el alma de todo lo que se pueda.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.” – Benito Juárez
La historia en México tiene su desilusión y su riqueza. Eso nos hace ser lo que construimos y destruimos con singular alegría. Una de esas características es que la Iglesia —a dios gracias— no ha permeado del todo y de manera profunda… bueno, entre comillas. Pero vamos a ello.
****
La Conferencia del Episcopado Mexicano publicó un desplegado hace un par de semanas donde señalan, entre otras cosas, que “debe dársele el peso suficiente a los cristeros” en el marco de los 100 años de aquella guerra civil, en la que católicos y el gobierno de Calles tomaron las armas: unos para frenar un poder clerical aún incrustado; otros, porque veían en las leyes de la Constitución de 1917 una coacción a sus creencias. Tomaron las armas. Murieron 250 mil personas aproximadamente.
****
Hay una frase que podría resumir lo anterior: la carne es más dura que el metal cuando de fe se trata.
Cuando cuestionamos o hablamos de alguna religión, la cosa se enciende porque tocamos las más profundas creencias personales y las formas más íntimas de un colectivo. Por eso la pasión se desborda y aún no podemos ser sensatos, menos cuando la perspectiva religiosa llama a la radicalización.
Eso sí es terrible: que hoy, hombres de fe y espíritu llamen “totalitario” al gobierno actual, el mismo discurso usado contra Plutarco Elías Calles. Si somos honestos: los obispos, esos humanos que hablan de Dios, fueron quienes encendieron la llama de la guerra cerrando iglesias como presión, lo que llevó a que muchos se alzaran en armas por una fe —según ellos— “impedida por el gobierno”.
****
Esa es la postura del clero.
Curioso que hoy se active ese recuerdo justo cuando una mujer ostenta la Presidencia.
Curioso en el contexto de la radicalización de la ultraderecha en Latinoamérica.
Curioso que ahora sí hablen de “examen de conciencia”.
Porque, con perdón de Dios —que castiga a los mentirosos—, no estamos en un régimen totalitario. Hay hegemonía partidista, sí, y excesos, como en los viejos tiempos. Pero no es para instalar un país socialista, y mucho menos comunista. Es un juego de niños que buscan cambiar reglas excesivas del mercado que se soltó, y que hoy se rebela contra quien le dio fortuna.
Muy diferente al poder del que hemos hablado, pero clave para entender el jaloneo discursivo entre todos los poderes. Sin eso, no situamos con claridad —ni con honestidad— las intenciones profanas de los hombres de Dios.
****
Las iglesias son hipócritas: dicen estar en contra de quienes flagelaron a Jesús, pero son los fariseos que aman que se derrame sangre, que se crucifique, y que en nombre de ese sacrificio se erija el estandarte de la defensa de intereses de grupo.
Un grupo que, en México, ha sido reducido y minimizado en comparación con otros países. Miren, si no, a Brasil, donde las iglesias cristianas controlan y son un peso político relevante para el destino de la nación. Ese es un acierto valioso y que no podemos ceder.
Que viva Cristo Rey, que viva la Virgen de Guadalupe… pero en la renovación de la fe católica dominical, no como consignas de guerra.
Ese es nuestro examen de conciencia laico.
****
Cuidar las formas y mantener a raya al poder clerical. La historia demuestra que el fanatismo no puede conducir los destinos de una nación. Ser permisivos no significa ser pendejos, diría el maestro Everardo: “tenemos la P de prudentes, no de lo segundo”.
Prometo revisar a conciencia y hablar de nuevo de este tema, que viene a cuento con estos curas desquiciados por tener control político. “Resolver” el desastre no pasa por darles más poder, sino por recordar, con Juárez, que la paz solo se logra respetando el derecho ajeno —también el de quienes no creen.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
Esta Criticona los invita a profundizar en el tema con el libro de Jean Meyer, quien abrió una investigación fundamental sobre esos momentos cruciales de nuestra vida pública. Pertinente en estos tiempos, cuando se acerca el centenario de esa guerra civil.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
"Solo cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado y el último pez atrapado, nos daremos cuenta de que no se puede comer dinero." -Proverbio indígena
La Generación Z no es una marcha de la oposición. De eso se han encargado los medios de izquierda: insistir en que la movilización responde a intereses ajenos, cuando en realidad ahí se expresaron los intereses de una élite. No fue un impulso genuino de la juventud.
****
Quienes nacimos entre 1997 y 2012 —algunos todavía menores de edad— enfrentamos algo más profundo que una disputa narrativa: no accederemos a un empleo estable, y cuando lo logremos, tendremos altas probabilidades de perderlo. El INEGI estima un 47.6% de desempleo para la generación. Esa es la urgencia inmediata.
****
Pero hay urgencias más largas, y silenciosas.
La vejez digna —esa que vieron nuestros padres o abuelos— se esfumará para nosotros. Quienes no lograron ahorrar en Afores solo recibirán el apoyo social de la pensión para adultos mayores. Paradójicamente, serán mirados como privilegiados frente a nosotros: la generación que, si no ahorra desde ahora, no tendrá nada. Este problema no es responsabilidad exclusiva de un gobierno. Desde Zedillo, con la reforma de 1997, se ha desmantelado el sistema de retiro.
Por eso hoy el magisterio lucha por derogar la ley del ISSSTE: la última defensa mínima de dignidad. Lo irónico es que esa lucha incomoda incluso a quienes se dicen progresistas. Para muchos, el fantasma del comunismo vive en Claudia Sheinbaum; para otros, esa discusión solo distrae de lo esencial.
****
Tampoco tendremos vivienda propia.
Si hoy 9.8 millones de personas —26.1%— viven en casas con rezago habitacional, la cifra aumentará. Aún no tenemos la radiografía completa de nuestra generación, pero ya sabemos que no será alentadora.
Hoy el hacinamiento apenas deja respirar: somos una multitud atrapada en un mismo cuarto.
No se trata de preguntarse si Andrés Manuel o Claudia Sheinbaum han hecho algo. El deterioro del sistema viene de décadas atrás. Y aunque existen esfuerzos pensados para el largo plazo —como el programa de vivienda en renta con opción a compra de Clara Brugada, especialmente para jóvenes—, el abandono estructural es tan profundo que los avances se medirán en pasos minúsculos.
Mientras tanto, izquierda y derecha usan a la generación Z como munición simbólica en un pleito menor entre élites económicas y poder político.
****
En esta columna comparto este microrelato:
Sin empleo 47.6% de la generación Z; mujeres son las más afectadas: INEGI.
Eso dice la cabeza de la nota.
Pero sigo leyendo y nadie menciona a Mariana, que imprime currículums en la impresora del vecino y ensaya qué decir cuando le pregunten por qué no tiene experiencia.
Nadie menciona que el futuro se fue antes de empezar, que al sistema no le importa que suba el salario mínimo si el alquiler de una vida digna sigue siendo imposible.
La misma nota señala que 9.8 millones —26.1%— viven en casas con rezago habitacional.
En eso sí atinan: Mariana vive con sus padres, sus tíos, sus primos, envuelta en ese perfume que nace del roce de los cuerpos familiares apretados antes de poder construir el propio.
Todos en una misma habitación.
Dice el diario que somos cifras.
Mariana dice que es prueba viviente de una clase opresora que solo busca lucrar con ella y con toda la generación Z.
Por eso no marcha al compás de los intereses minoritarios: ya le basta con sobrevivir a los intereses mayores.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
Ayer escribía en el diario Reforma Enrique Krauze sobre una juventud agraviada, la juventud de la que se refiere es la de la tercera edad, y de esa queja mediática que hace la izquierda.
Sean Rabiosamente Felices...
Hasta Pronto...
Alan Jiménez
“A mí no me importa si son Chapos, Zetas, equis o yes.” —Felipe Calderón
Carlos Manzo fue asesinado públicamente el Día de Muertos. La violencia cobró a uno más de los suyos: un presidente municipal desplomado en plena plaza.
Su muerte fue convertida en mercancía simbólica. Para la derecha, se volvió un mártir, un nuevo Colosio, un “presidente que pudo ser”. Para otros más conservadores fue botín político y carroña.
En el ámbito de la racionalización mediática, Primitivo Olvera decía en Radio Fórmula que “el estado (de Michoacán) ha estado gobernado por la izquierda durante muchísimos años”. De inmediato añadía que “no es un asunto de partidos, sino de Estado”. La jugarreta es evidente: justificar la militarización de Felipe Calderón —“esa” que Manzo criticó en su momento— mientras se sugiere que la izquierda lo arruinó todo.
Ni una palabra sobre el origen de la estrategia ni sobre las responsabilidades compartidas.
*****
La realidad es más compleja: Manzo comenzó en el morenismo y terminó cercano a la oposición tras disputas internas. Pero ni su trayectoria ni su muerte caben en el relato simplista que se produce detrás de un micrófono. El mal ya estaba infiltrado.
Cuando Calderón lanzó la guerra, Lázaro Cárdenas Batel era gobernador; después vinieron los granadazos en Morelia con Leonel Godoy, y más tarde el caos de las autodefensas y la inoperancia del Estado bajo Fausto Vallejo y Peña Nieto. Con la 4T se mantuvo la militarización y Alfredo Ramírez Bedolla no ha logrado modificarla.
****
Ahora, Bedolla y Claudia Sheinbaum anuncian el cuarto intento para revertir la violencia: el llamado Plan Michoacán. Más ejército, más Guardia Nacional, evaluaciones periódicas y transferencias económicas a través de programas sociales. Si el objetivo es combatir dinero ilícito con dinero licito, el crimen organizado seguirá ganando por simple superioridad financiera. El lavado de dinero —ese tema medular— sigue intocado.
****
Mi pesimismo no es gratuito. Los medios celebran a los “súper policías” con la misma devoción con que antes celebraban a Genaro García Luna. Hoy la figura de cómic es Omar García Harfuch: lo elevan como Batman, un héroe de la élite económica y mediática para descarrilar una transformación ya desviada.
****
Pero entendamos: las dinastías del subsuelo persisten. Harfuch es heredero de su abuelo Marcelino García Barragán y de su padre Javier García Paniagua, ambos ligados al aparato represivo de la Guerra Sucia.
El sistema no cambia: solo cambia el discurso. El desafío es enorme: romper alianzas, intereses y pactos que llevan décadas incrustados.
****
No tengo una solución; a veces solo se puede aspirar a imaginarla. La coexistencia entre gobierno y crimen ya parece estructural.
Mientras tanto, participaremos —por convicción o por hartazgo— en el maquillaje discursivo o la furia partidaria del tema de seguridad.
Y al último —pero nunca menos importante—:
Comencé la lectura de México Armado, de Laura Castellanos. Es una investigación construida a partir de fuentes públicas sobre los años en que sectores de la izquierda decidieron tomar las armas ante la imposibilidad de transformar el país por otras vías.
Sean rabiosamente felices.
Hasta pronto…
Alan Jiménez
“Creo que las calles son siempre los mejores escenarios.” Cristina Pacheco
En Madrid debe ser, a estas horas, 10 de noviembre de 1939. El franquismo tiene apenas unos meses de haber nacido, y los españoles se sorprenden de que el canciller José Manuel Albares pronuncie “injusticia” y “dolor” por lo que dejó la conquista —o, dirían, la hispanidad—.
Este pequeño viaje improbable en el tiempo se entiende porque, hace unos años, cuando había más pasión en México por el tema y estaba al frente AMLO, nadie lo pronunció. No hubo concesión alguna por parte de España, porque —imagino dirían—: ¿cómo nosotros, siendo españoles que les dimos tanto, debemos pedir perdón? Por supuesto, a cualquiera, si somos una mezcla de una variabilidad que debería honrarnos llevar.
Lo explica con lucidez conservadora Aznar: “Se ha cumplido el 200º aniversario de la independencia de México, enhorabuena. Pero usted, ¿cómo se llama?”, lo interpelo. “Andrés Manuel López Obrador. Andrés por parte de los aztecas, Manuel por parte de los mayas, López es una mezcla de aztecas y mayas... y Obrador, de Santander.”
****
Resistencia apasionada a viejas creencias y costumbres que nosotros no comprendemos de nuestra madre patria. No reniego de ella; es evidente que le debemos el que destruyera toda evidencia de la memoria de las civilizaciones naturales de esta tierra, para así, por supuesto, agradecer la benevolencia de heredar y ser parte de esa hispanidad que se pregona en Europa.
La derecha se enfada porque no avanza en reconocer lo que, a todas luces, ocurrió a sangre y fuego: la conquista. Algunos periodistas en medios dicen que atentamos contra nosotros mismos, como suicidas; en ese modo, por supuesto, sería un atentado. Pero contra la memoria, más que el autoflagelo del mestizaje.
Simplemente se niegan a comprender que su victoria fue fulminante sobre las culturas naturales de nuestro actual territorio.
****
En concreto, los españoles que viven en el pasado e insisten, desde una postura que mira con desdén a los nuestros, en negarse a ver, es pedirle peras al olmo. Pero, como diría Simone de Beauvoir, “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”.
Aquí, esas suspiraciones por ser lo que no somos —lo que nunca seremos— nos convierten, sí, en suicidas de lo que somos: mestizos con antepasados que murieron en un desenfrenado acto de exterminio. Que pidan disculpas podría no reparar nada; demasiados siglos han pasado. Pero la muestra de que en España siguen mucho tiempo atrás, en el conservadurismo, demuestra que no podemos ser ni debemos cargar con esos sujetos que padecen y sufren sus propias consecuencias.
El país debe mirar a otro lado, porque, aunque el perdón ayuda, aferrarse a que el facho te ofrezca perdón es estéril e inútil: el tiempo y la exigencia son para ellos.
****
Como diría Octavio Paz, en El laberinto de la soledad, hay que mirar y aceptar que somos producto de una brutal mutación que nadie pidió, ni solicitó la intervención. Pero insisto en que pedirles que pidan perdón no tiene sentido: ellos batallan con sus propios fantasmas. En su última gran aportación, Aznar dice que es una postura genuflexa, es decir, que no conciben una reconciliación civilizada, porque somos menos que ellos, somos seres que deben ser eliminados.
Entonces, pues, miremos de frente, avancemos sin el perdón y continuemos para evolucionar después de la pérdida. Hay algo que debe sacarnos de los fantasmas de los siglos.
Y al último —y por último, pero nunca, nunca menos importante—…
Después de creer en Madero, en Los de abajo de Mariano Azuela, aterrizas en el pueblo bueno y noble, el que padece más que goza. Pero todos deberíamos leerlo: está a un precio bastante accesible y tiene unas 150 páginas que no duran mucho si se tiene ganas y hambre de leer.
Sean rabiosamente felices. Hasta pronto…
Alan Jiménez
